Condiciones laborales

Todas las siglas

Ya no soy delegada de los trabajadores de mi empresa. El pasado jueves tuvieron lugar las elecciones sindicales en mi lugar de trabajo, una empresa que ha crecido enormemente durante los últimos años, hemos perdido nuestra representación sindical y era previsible que así sucediera.

Las siglas sindicales, cualquiera de ellas que nos venga a la cabeza, han machacado tanto a los trabajadores a favor de los empresarios que ya no hay nadie que crea en ellas. Otras nuevas se abren camino con la esperanza de poder cambiar el panorama mal trecho que nos ha dejado, a los trabajadores desprotegidos ante las empresas que nos contratan por un trocito de pan.

Damos paso pues a otros compañeros que cansados de nuestra infructífera gestión, vienen con ganas de luchar por los derechos perdidos. ” Que la Fuerza les acompañe”.

Los que dejamos el cargo, lo hacemos con la cabeza alta de haber hecho lo mejor que hemos sabido, a pesar de no contar con el apoyo de nuestro sindicato de trabajadores, un sindicato histórico, de lucha por los derechos, en sus mejores años, con huelgas y presiones a los empresarios para conseguir una mejoría en las condiciones de los trabajadores.

Hoy en día, aquellos sindicatos fuertes que nos arropaban y nos transmitían seguridad, se han convertido en emisarios del miedo, profetas de la precariedad, llenando los oídos del proletariado de amenazas y angustias, en lugar de impregnarles del poder que tienen los más pequeños pero multitudinarios cuando se unen en una causa común.

Y es que la mayoría no es consciente del poder que tenemos para luchar por lo nuestro. Cuando una empresa gana en un año la previsión que tiene para tres, es de juzgado de guardia que tenga a sus trabajadores explotados, sin vida, solo con la esperanza de poder sobrevivir al “mes” en curso que el que viene “Dios dirá”.

Yo que llevo ya algunos años en la empresa, y que he visto el desarrollo de esta, orgullosa, ¿porque no? de ser un pequeño engranaje en el crecimiento de esta, gracias al buen quehacer de sus trabajadores, la responsabilidad de sus encargados, en resumen del trabajo bien hecho para satisfacer a los clientes, y que estos sigan confiando en nuestros productos, vemos como de un año a otro se nos empequeñece en proporción al crecimiento de nuestro patrón.

Y cada día me cuesta más llegar al trabajo, sin alegría, por que la dignidad no se come, no paga las facturas, ni tan siquiera las necesidades más fundamentales.

Los hijos se hacen mayores y no nos conocen, crecen y se educan la mayoría de las veces con los abuelos, (los que tienen esa suerte), o con personas que ni siquiera conocen.

La vida es más costosa, nuestros salarios están anclados en el pasado. Pero no hay ni un solo sindicato que pueda cambiar esto.

Las empresas crecen, los empresarios se enriquecen y eso es bueno para un país donde los trabajadores no tienen poder adquisitivo por que a pesar de trabajar doce o más horas diarias, no llegamos a fin de mes. Y aún se nos aconseja ahorrar para la jubilación, es un tanto surrealista la situación.

Somos muchos los que viajamos en este tren, por eso, les deseo a mis compañeras/os, que con su nuevo sindicato, joven aún, sin años de experiencia, pero precisamente por eso, con la fuerza que tiene aquel que aún no está gastado por el cansancio que implica la lucha, el desgaste de energía. Ahora son otros los que tienen el testigo.

Fuerza y a la lucha.