NO TE CREO

He sentido que me ida desmoronando por momentos. Esperando sentada en el banco dos horas, sin inmutarme, con mil pensamientos por segundo. Y me preocupa mucho que me manipule y que yo me deje manipular. Esto puede parecer raro, yo no entiendo, cuando tengo claro lo que pasa a mi alrededor y sabiendo el resultado sigo adelante, hasta el final, tal vez por no perder la esperanza.

Tan complicado es que mandes un mensaje, una llamada, algo……, que me digas que no vas a venir. Me siento tan estúpida, porque es culpa mía y solo mía. No me valoro lo suficiente, por eso me toman el pelo, no he aprendido nada en todos esos talleres que he estado haciendo en los últimos años, autoestima, niño interior, aceptación, desarrollo personal, y a la hora de la verdad el pillo de turno que hace lo que quiere y te toma el pelo de todas las maneras posibles.

Hace años me presente al comité de empresa donde trabajo. De esto va la cosa hoy. Hay elecciones, pero no me cabe la menor duda que podríamos ahorrarnos el teatro. Trabajo en un sector muy dejado de la mano de Dios, los parias de la tierra, aquellos que siempre han sido los olvidados de la lucha obrera, los explotados, históricamente marginados.

Los empresarios son otra cosa, se han llenado los bolsillos a costa del peón y a día de hoy siguen con sus explotaciones agrícolas. Trabajos de doce horas, mal pagados, con el runrun de la crisis que nunca se acaba, o el terrorífico brexit que nos acecha y aunque no ha llegado lleva un par de años ahogándonos, no se que será cuando llegue.

Derechos perdidos después de años de lucha, y lo que más duele nunca más recuperaremos. Por que para que unos llenen los bolsillos es necesario que trabajen los esclavos modernos a bajo precio, ser competitivos, significa que el peón cobre menos para que el patrón gane más.

Y el sindicalista, aquel que vive gracias a los peones que se afilian al sindicato, se va a comer con el empresario para pactar las condiciones del trabajo. Y claro llega tarde o simplemente no llega. Eso es lo que tenemos, nos guste o no.

Y en esa tesitura nos encontramos todos aquellos que todavía creemos en el ser humano, en la buena fe, en los apoyos incondicionales. Ya lo sé soy muy ingenua, pero a pesar de todo, me resisto a formar parte de un juego que me perturba profundamente.

No me gusta el mundo en el que vivo, y hasta hace poco pensaba que podía cambiarlo. Que desilusión.

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